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Ío.

Actor, lector y escritor. Vivo en Buenos Aires (cap. federal). Soy del interior aunque tenga cincuenta por ciento alma de porteño.

jueves, 5 de diciembre de 2013

No quiero navidad.



No quiero navidad. No quiero veinticuatro, ni veinticinco. No quiero árboles. No quiero luces indecisas. No quiero sidra barata. No quiero turrón blando con maní. No quiero adornos llenos de polvo. No quiero Papa Noel. No quiero Coca Cola. No quiero perros asustados. No quiero gritos eufóricos. No quiero salir. No quiero esperar al chin-chin. No quiero seguir festejando. No quiero festejar. No quiero esperar familiares. No quiero encuentros incómodos. No quiero besos de alquiler. No quiero simular. No quiero caras de culo. No quiero momentos de nostalgia. No quiero lágrimas. No quiero divorcios. No quiero estrellitas. No quiero brillo. No quiero ruido. No quiero gente. Quiero ser chico una vez más. Quiero esperar los regalos debajo del árbol. Quiero momentos cálidos. Quiero abrazos. Quiero asado. Quiero los chasquiboom. Quiero hablar con mi abuela. Quiero ver a mi abuela. Quiero ver a la gorda. Quiero ver a Teresa. Quiero llorar. Quiero esperar a las doce. Quiero viejas navidades. Quiero 1997. Quiero helado de frutilla, no de dulce de leche. Quiero que mi tía me rasque la espalda mientras me voy durmiendo. Quiero risas. Pero no, no quiero navidad.


Nada escapa de las garras del tiempo. 

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