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Ío.

Actor, lector y escritor. Vivo en Buenos Aires (cap. federal). Soy del interior aunque tenga cincuenta por ciento alma de porteño.

domingo, 8 de septiembre de 2013

¿A donde me voy a ir?





 Me enojo conmigo mismo. Me reprocho cada vez que pasan las horas en el reloj; cada vez que pasan los días; cada vez que pasó el año en frente de mis ojos, y me pregunto, ¿hice suficiente?, ¿qué gané de todo este tiempo?

De vez en cuando sale mi instinto aventurero y me lleva a verme encontrarme en momentos inoportunos que ciertamente solo son coherentes cuando estoy durmiendo, porque si soy franco, a veces creo que nunca voy a poder ser libre, ni tampoco liberarme de todo esto.

Me imagino en una tarde de primavera caminando solo en medio de una carretera vacía, seguramente queriendo llegar al mar. Es un día soleado, supongamos que sean las 4 de la tarde del mes de Septiembre. La tarde está calurosa, pero igual agradable. Escuchar la tranquilidad… Ver como el viento juega con las ramas de los arboles que veo más adelante mío. Oír de vez en cuando algún ruido de los pájaros que vuelan arriba mío. O verlos cortar el horizonte de oeste a este sin preocupaciones, porque después de todo eso es lo que hacen ellos. (O después de todo, mejor dicho, esa es la imagen que tengo yo en mi mente, cuando viajaba a Buenos Aires en el auto y pasábamos por los campos desolados. Aunque todos sabemos que no es asi) De vez en cuando me doy vuelta para  saber si se acerca alguien que pueda llevarme unos kilómetros hasta donde esté dirigiéndome y no sé por qué, pero nunca veo a nadie…

Me da la sensación que me escapé. En realidad cuando mi mente se encuentra en estas fantasías, sí: soy yo, pero la verdad es que no sé qué va a pasar a continuación. Estoy dejándome llevar. No hay un propósito en sí ante todo esto. Me imagino con una mochila en mi espalda, cargada de ropa, comida y agua. No me veo con mi celular, ni con mis auriculares, ni con nada que suponga una conexión con otra persona o una distracción. Quizás un cuaderno con una lapicera para escribir de vez en cuando. No puedo saber si tengo dinero conmigo o no –aunque creería que debería de tener-. Tengo un poco de barba, o mejor dicho, “barba de tres o cuatro días” y mi pelo puede que necesite un enjuague.

Ahora que lo analizo bien, parece que estoy caminando hace un largo tiempo.

Nunca terminé de crear esta fantasía. No sé si alguien me alcanza hasta donde quiero ir, no sé si llego a la playa y menos que menos me imagino ahí. Lo que sí puedo imaginar es el frescor que sentís cuando te llegás y escuchás el ruido del mar y tus pies se entierran en la arena. Acostarte y sentir el calor del sol en tu cuerpo y el ruido de las olas cuando se desarman en la orilla y lanzar un suspiro de tranquilidad. Pero… nuevamente, esto sucede en una playa desierta. Y al parecer en mi imaginación, no quiero tener a nadie cerca mío en los momentos donde necesito paz

Después no sé lo que pasa. Abro los ojos y me encuentro escribiendo esto y escucho los bocinazos que vienen de afuera y el tic-tac de mi despertador que me anuncian como se me está pasando la tarde sin siquiera tomar conciencia.



Tengo responsabilidades, tengo horarios, tengo límites, tengo cosas que hacer, personas con las que hablar, lugares que visitar… ¿A dónde me voy a ir? 

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