De
vez en cuando sale mi instinto aventurero y me lleva a verme encontrarme en
momentos inoportunos que ciertamente solo son coherentes cuando estoy
durmiendo, porque si soy franco, a veces creo que nunca voy a poder ser libre,
ni tampoco liberarme de todo esto.
Me
imagino en una tarde de primavera caminando solo en medio de una carretera vacía,
seguramente queriendo llegar al mar. Es un día soleado, supongamos que sean las
4 de la tarde del mes de Septiembre. La tarde está calurosa, pero igual
agradable. Escuchar la tranquilidad… Ver como el viento juega con las ramas de
los arboles que veo más adelante mío. Oír de vez en cuando algún ruido de los
pájaros que vuelan arriba mío. O verlos cortar el
horizonte de oeste a este sin preocupaciones, porque después de todo eso es lo
que hacen ellos. (O después de todo, mejor dicho, esa es la imagen que tengo yo
en mi mente, cuando viajaba a Buenos Aires en el auto y pasábamos por los
campos desolados. Aunque todos sabemos que no es asi) De vez en cuando me
doy vuelta para saber si se acerca
alguien que pueda llevarme unos kilómetros hasta donde esté dirigiéndome y no
sé por qué, pero nunca veo a nadie…
Me
da la sensación que me escapé. En realidad cuando mi mente se encuentra en
estas fantasías, sí: soy yo, pero la verdad es que no sé qué va a pasar a
continuación. Estoy dejándome llevar. No hay un propósito en sí ante todo esto.
Me imagino con una mochila en mi espalda, cargada de ropa, comida y agua. No me
veo con mi celular, ni con mis auriculares, ni con nada que suponga una
conexión con otra persona o una distracción. Quizás un cuaderno con una
lapicera para escribir de vez en cuando. No puedo saber si tengo dinero conmigo
o no –aunque creería que debería de tener-. Tengo un poco de barba, o mejor
dicho, “barba de tres o cuatro días” y mi pelo puede que necesite un enjuague.
Ahora
que lo analizo bien, parece que estoy caminando hace un largo tiempo.
Nunca
terminé de crear esta fantasía. No sé si alguien me alcanza hasta donde quiero
ir, no sé si llego a la playa y menos que menos me imagino ahí. Lo que sí puedo
imaginar es el frescor que sentís cuando te llegás y escuchás el ruido del mar
y tus pies se entierran en la arena. Acostarte y sentir el calor del sol en tu
cuerpo y el ruido de las olas cuando se desarman en la orilla y lanzar un
suspiro de tranquilidad. Pero… nuevamente, esto sucede en una playa desierta. Y
al parecer en mi imaginación, no quiero tener a nadie cerca mío en los momentos
donde necesito paz
Después
no sé lo que pasa. Abro los ojos y me encuentro escribiendo esto y escucho los
bocinazos que vienen de afuera y el tic-tac de mi despertador que me anuncian
como se me está pasando la tarde sin siquiera tomar conciencia.
Tengo
responsabilidades, tengo horarios, tengo límites, tengo cosas que hacer,
personas con las que hablar, lugares que visitar… ¿A dónde me voy a ir?
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